Bailamos entre los escombros de una cita. Dibujamos una taza de café en el desierto. Vivimos de sumar y de restar: lo que te da el amor, lo que te quita el miedo. Al final nos entregan los huesos de un perfume.
Aún así persistimos. En alguna montaña vive un pez resbaloso. Entre números rotos se desliza una estrella.
La única noche eterna son tus ojos cuando no vuelven.
Kasia Derwinska
Ph: John Gutmann, Memory - 1939
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Cuando leo en italiano no suelo usar el diccionario, sólo un bolígrafo, para subrayar las palabras que no sé, las frases que me sorprenden. Cuando encuentro una palabra nueva, llega el momento de decidir. Podría parar un momento para aprenderla, o anotarla y seguir, o ignorarla. Como ciertos rostros entre la gente que vemos a diario en la calle, ciertas palabras, por alguna razón, destacan y dejan una impresión en mí; otras permanecen en un segundo plano, insignificantes. (…) Cada día, leyendo, encuentro palabras nuevas. Algo que subrayar, para luego trasladarlo a la libreta. Me hace pensar en el jardinero que arranca las malas hierbas. Como el jardinero, sé que mi trabajo es, a fin de cuentas, un despropósito, algo desesperado; casi diría un trabajo propio de Sísifo. No es posible, para el jardinero, controlar a la perfección la naturaleza; del mismo modo, tampoco para mí es posible, por mucho que lo anhele, saber cada palabra italiana. Pero entre el jardinero y yo hay una diferencia sustancial: las malas hierbas, para el jardinero, no son algo deseado. Quiere erradicarlas, desecharlas. Yo, en cambio, recojo las palabras. Quiero tenerlas en mis manos, poseerlas. Cuando descubro un modo diferente de expresarme siento una especie de éxtasis. Las palabras desconocidas representan un abismo vertiginoso pero fecundo, un abismo que contiene todo lo que se me escapa, todo lo posible.
Jhumpa Lahiri En otras palabras Ed. Salamandra, 2019
Uno tiene que saber irse y sin embargo, ser igual que un árbol: como si se quedasen las raíces en el suelo, como si se moviese el paisaje y nosotros nos quedásemos parados. Aguantar la respiración hasta que cese el viento y el aire ajeno empiece al rodearnos, hasta que el juego de luz y sombra, de azul y verde, muestre los viejos patrones y estemos como en casa donde sea, y podamos sentarnos y recostarnos como si fuera la tumba de nuestra madre.
Hilde Domin de Sólo una rosa como apoyo, 1959 En Canciones para dar aliento (2018) editorial Llantén Traducción Geraldine Gutiérrez Wienken
Llevo un equipaje de silencio. Me he rodeado de un silencio tan hondo y duradero que nunca acierto a abrirme con las palabras. Cuando hablo, solamente me cierro de otra manera.
Herta Muller Todo lo que tengo lo llevo conmigo
Fot: bagnostian
Por la noche caemos en pozos sin aliento, en orillas de sombra, en un callado infierno.